Un sismo de magnitud 9,0 destruyó Lima y, minutos después, un tsunami arrasó el Callao.
La noche del 28 de octubre de 1746, el Virreinato del Perú enfrentó una de las peores catástrofes naturales de su historia. A las 10:30 p.m., un potente terremoto, estimado en magnitud 9.0, sacudió con extrema fuerza la ciudad de Lima. En pocos minutos, gran parte de la capital quedó reducida a escombros. Las construcciones, en su mayoría de adobe, no resistieron el violento sismo, y miles de personas quedaron atrapadas bajo los restos de sus viviendas.
La destrucción fue casi total. Las murallas que protegían a la ciudad colapsaron, y los templos y casas coloniales, símbolo de poder del virreinato, se desplomaron ante la intensidad del movimiento. Se estima que alrededor de 20 mil personas perdieron la vida aquella noche. Pero lo peor aún estaba por llegar.
Aproximadamente veinte minutos después de que cesaron los temblores, un tsunami de proporciones catastróficas golpeó la costa central del Perú. Las gigantescas olas, que alcanzaron alturas entre 10 y 24 metros, arrasaron por completo el puerto del Callao. La fuerza del mar no solo destruyó viviendas e infraestructuras, sino que también arrastró barcos anclados e incluso los hizo desaparecer.
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De los cerca de 5,000 habitantes que vivían en el Callao en ese entonces, solo unos 200 lograron sobrevivir. La furia del océano borró prácticamente del mapa al principal puerto del país, que era en ese momento un eje comercial clave del Virreinato. Las consecuencias del desastre fueron devastadoras no solo en términos materiales y humanos, sino también sociales y económicos.
Según testimonios recogidos por cronistas como el marqués de Obando, el miedo se apoderó de la población. Lima y Callao se sumieron en el dolor, la confusión y la necesidad urgente de reconstrucción.
Este suceso marcó un antes y un después en la historia del Perú colonial. A raíz del terremoto y el tsunami, las autoridades virreinales impulsaron reformas urbanas, nuevas normativas de construcción y procesos de reconstrucción que cambiaron la fisonomía de la capital para siempre.





